Donar para facilitar innovaciónes espirituales

Rolf Kerler

Las donaciones no solo son necesarias dentro de la economía nacional, sino que también poseen una gran importancia ya quefacilitan la innovación espiritual. La importancia económica de las donaciones resulta evidente cuando uno trata de percibir la diferencia entre las donaciones y los actos de prestar y comprar.

¿Qué es lo característico de una donación? Una donación significa que se realiza una transferencia de capital de un individuo a otro. Una transferencia que no está motivada por algo hecho (como mercancía) ni por algo que, como en una iniciativa empresarial, inste a su realización (como en el caso de un crédito). El capital donado está destinado al receptor. Lo que hace el destinatario con el dinero en detalle no tiene nada que ver con la donación ni con su significado. Un artista podrá, por ejemplo, usar el dinero para comprar alimentos. Por la tanto el valor de la donación está en el espacio creado para que el receptor lo aproveche. Este no tiene que emplear su tiempo para producir bienes o prestar servicios a otros para cubrir sus necesidades o para devolver préstamos.

«¿Qué significan las donaciones en la economía nacional?», preguntó Rudolf Steiner en 1922 en su Curso de Macroeconomía, explicando a continuación el siguiente contexto: «Si se detienen a observarlo, se darán cuenta de que las donaciones son de lo más productivo. En la macroeconomía, los préstamos de capitales son menos productivos, y lo menos productivo son los procesos macroeconómicos que tienen que ver con la compra y venta. Observarán que dentro del proceso macroeconómico, lo más productivo son las donaciones, y que un proceso macroeconómico saludable solo es alcanzable cuando, en primer lugar la gente tiene algo que puede donar, y, en segundo lugar, cuando existe la buena voluntad de donarlo de forma razonable.»

Lo altamente productivo de la donación consiste en que, a través de la transferencia de capital, se posibilita crear algo realmente nuevo. Un contrato de compra tiene un efecto reproductivo para los bienes o servicios que se han producido hasta este momento; el acto de préstamo requiere una idea de negocio claramente definida. Así únicamente la donación abre nuevos espacios, nuevas posibilidades antes impensables. La innovación espiritual en nuestras vidas depende de que exista un número suficientemente alto de donaciones. Sin ello, seguiremos produciendo siempre lo mismo, lo que ya es conocido.

El acto de donar también implica grandes riesgos. No se sabe si el efecto será bueno o malo, si es que tendrá efecto alguno. Todo dependerá de las personas involucradas, aunque también de la confianza que el donante deposite en el beneficiario.

La cualidad del donar se muestra con mayor claridad cuando cuidamos de los niños. Todo lo que hacemos por ellos, en principio, es un acto de donación: intentamos crear posibilidades para el futuro, de forma que los niños puedan evolucionar para llegar a ser como quieran ser, no como somos nosotros o como nos gustaría que ellos fueran.

Con las donaciones entramos en un espacio en el que comienza algo nuevo e individual; algo que solo puede prosperar si no está sometido a presión externa, algo que no se está intentando aprovechar antes de llegar a su estado de madurez. Es algo que, al contrario, puede tomarse su tiempo para crecer dentro de su propio espacio libre; siempre y cuando protejamos como donantes lo que aún está por nacer.

Alrededor del año 1790, el príncipe danés Friedrich Christian de Schleswig-Holstein recibió la noticia de la muerte de Friedrich Schiller, a quien tenía en gran estima como poeta. Pero pronto llegó otra noticia que rectificó la primera, diciendo que Schiller no estaba muerto sino padecía una enfermedad grave, y que por lo tanto estaba atravesando graves dificultades económicas. Entonces, el príncipe decidió conceder a Schiller una beca de tres años. Schiller estaba tan agradecido a su benefactor, que procedió a mostrarle su gratitud en una serie de cartas en las que le hablaba de la naturaleza del arte y de la belleza. Se trata de las conocidas ‹Cartas sobre la Educación Estética del Hombre›, que se consideran uno de los estudios más logrados y modernos del Idealismo Alemán. Estas cartas trazan la idea de un «estado estético» basado en el principio de «dar libertad a través de la libertad.» (Carta 27).